Tuesday, 5 October 2010

El Manantial

Estos días se celebra en Madrid la Semana de la Arquitectura con muchas exposiciones, conferencias y visitas a edificios singulares de la ciudad. Tengo un par de visitas previstas para esta semana que ya comentaré por aquí, pero mientras quiero hacer un pequeño homenaje a la Arquitectura en forma de película. Se trata de "El Manantial", rodada en EE.UU. en 1949. Está basada en la novela homónima de Ayn Rand, una filósofa y escritora de origen ruso que también escribió el guión de la película. La ví hace muchos años pero entonces no entendía el argumento. Apenas era un niño. Pero gracias a mi profesora de Historia del Arte de la carrera me animé a verla de nuevo.

Y es que trata sobre un joven arquitecto visionario que quiere abrirse camino en una sociedad estancada en el pasado. Inspirada parcialmente en la figura de Frank Lloyd Wright, la película defiende el valor de las ideas y el individualismo del creativo de una manera tan íntegra que a veces raya el egoísmo. El argumento tiene un evidente trasfondo político, por lo que hay que verla con ojos analíticos, pero desde el punto de vista de un arquitecto (diseñador en mi caso) es interesante ver como el personaje principal es capaz de moverse por la profesión sin renunciar nunca a sus principios y que el valor de las ideas es algo que hay que proteger y preservar.

De esto trata el fragmento que os pongo aquí. Para poneros en antecedentes os diré que se trata de un juicio en el que el arquitecto es inculpado por haber dinamitado su obra una vez construída porque no respetaron el diseño inicial de su proyecto. Aunque recomiendo verla entera os pongo el discurso final, que es lo más recordado de la película. No os lo perdáis.


Y por si a alguien le interesa tenerlo por escrito... es un poco largo, pero aquí tenéis:
“Hace millones de años un hombre primitivo descubrió cómo hacer fuego. Probablemente fue quemado en la hoguera que él había encendido para sus hermanos pero les dejó un regalo inimaginable al hacer desaparecer la oscuridad de la tierra.
A través de los siglos hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos apoyados solamente en su visión. Los grandes creadores, los pensadores, los artistas, los científicos, los inventores lucharon contra sus contemporáneos. Se oponían a todos los nuevos pensamientos, todos los nuevos inventos eran denunciados y recusados pero los hombres con visión de futuro salieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por ello, pero vencieron. Ningún creador estuvo tentado por el deseo de complacer a sus hermanos. Ellos odiaron el regalo que él ofrecia, su verdad era su único motivo, su trabajo era su única meta. Su trabajo, no el de los que se beneficiaran de él. Su creatividad, no el beneficio que de ella obtendrían otros. La creación que daba forma a su verdad.
Él mantenía su verdad sobre todo y contra todos. Seguía adelante sin tener en cuenta a los que estaban de acuerdo con él o a los que no. Con su integridad como única bandera. Él no servía a nadie ni a nada. Solo vivía para sí mismo. Y solo viviendo para sí mismo pudo lograr las cosas que luego se han reconocido como la gloria de la humanidad. Esa es la naturaleza de la creatividad, el hombre no puede sobrevivir si no es a través de su mente. Llega a un mundo desarmado, su cerebro es su única arma. Pero la mente es un atributo del individuo, es inconcebible que exista un cerebro colectivo. El hombre que piensa debe pensar y actuar por sí solo. La mente razonadora no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción, no puede estar subordinada a las necesidades, opiniones o deseos de los demás, no puede ser objeto de sacrificio..
El creador se mantiene firme en sus convicciones, el parásito sigue las opiniones de los demás. El creador piensa, el parásito copia. El creador produce, el parásito saquea. El interés del creador es la conquista de la naturaleza, el inteŕes del parásito es la conquista del hombre. El creador requiere independencia, ni sirve ni gobierna, trata a los hombre con intercambio libre y elección voluntaria; el parásito busca poder, desea atar a todos los hombres para que actúen juntos y se esclavicen. El parásito afirma que el hombre es sólo una herramienta para ser utilizada, que ha de pensar como sus semejantes y actuar como ellos y vivir la servidumbre de la necesidad colectiva prescindiendo de la suya.
Fíjense en la historia. Todo lo que tenemos, todos los grandes logros, han surgido del trabajo independiente de mentes independientes y todos los horrores y destrucciones, de los intentos de obligar a la humanidad a convertirse en robots sin cerebros y sin almas, sin derechos personales, sin ambición personal, sin voluntad, esperanza o dignidad. Es un conflicto antiguo, tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo. Nuestro país, el más noble en la historia del hombre, tuvo su base en el principio del individualismo, el principio de los derechos inalienables. Fue un país donde el hombre era libre para buscar su felicidad, para ganar y producir no para ceder y renunciar. Para prosperar, no para morir de hambre. Para realizar, no para saquear. Para mantener como su propiedad más querida su sentido del valor personal y como virtud más apreciada su respeto propio. Miren los resultados. Esto es lo que los colectivistas les están pidiendo que destruyan como ya se ha destruído en gran parte de la tierra.
Yo soy arquitecto. Sé lo que nos espera con estos principios. Nos aproximamos a un mundo en el que no puedo permitirme vivir. Mis ideas son propiedad mía. Me fueron arrebatadas a la fuerza mediante un incumplimiento de contrato. No podía reclamar. Se pensaba que mi trabajo pertenecía a otros, que podían hacer con él lo que quisieran. Habían decidido sin mi consentimiento que mi deber era servirles sin otra elección ni recompensa. Ahora saben por qué dinamité Cortlandt. Yo diseñé Cortlandt. Lo hice posible. Yo lo he destruído. Acepté diseñarlo con el objetivo de que fuera construído conforme a mis deseos. Ese era el precio que pedí por mi trabajo. No me pagaron. Mi edificio desfigurado por el capricho de otros que se sirvieron de mi trabajo sin darme nada a cambio.
He venido para decir que no reconozco el derecho de nadie a arrebatarme ni un solo minuto de mi vida, ni parte de mi energía, ni ninguno de mis logros. No importa quién lo pretenda. Había que decirlo. El mundo perece en una orgía de autosacrificio. He venido para que me escuchen en nombre de todos los hombres independientes que quedan en el mundo. Quería establecer mis principios. No quiero trabajar ni vivir bajo otros. Mi principio es el derecho del hombre a existir por sí mismo."

1 comment:

  1. Genial! Siempre mola que te aconsejen buenas pelis. Te felicito también por el nuevo tamaño de fotos!

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